Política y psicología: una mirada desde lo posible

 

Personas más cultas y conocedoras que uno a estos respectos están haciendo este ejercicio. En mi caso, me limitaré a solo enunciar mis creencias centrales sobre lo que es y podría ser la política. En general, iniciaría formulando, creo que las aspiraciones deben estar hechas del material de la realidad, aunque incluso a veces, dicha realidad supere a la ficción. 

Como diría el mismo padre de la psicología, William James, las verdaderas creencias que llevamos con nosotros son las que nos impelen realmente a actuar. No a hablar, ni a fingir, y mucho menos a posar. No son decir lo que se espera otros escuchen. Tampoco deben racionalizarse demasiado, porque caen en la autocensura. Son pragmáticas pero no son  objetivas, y mucho menos son absolutas. Y como hacen parte de ese punto de vista personal, ese que vive entre los mundos de los afanes, las opiniones y los sentimientos más íntimos, diré que mis ideas políticas tienen que ver principalmente con mi campo de interés en la vida: La psicología y las ciencias sociales, que considero son parte de la ciencia en general. Porque las humanidades y la historia, creo, no son territorios de epistemologías diferentes a esa magnífica construcción humana que es la ciencia, que seamos sinceros, es la única construcción que nos copiarían si pudieran los miembros hipotéticos de otras especies, unos que vivieron aquí mismo hace milenios, y otros, que soñamos acaso vivan en otros planetas por jamás descubrir. Creo firmemente, otras especies con sociedades de este tipo, no nos copiarían nuestra moral, ni nuestras religiones o dioses, a menos que lográramos imponérselas. Solo les interesaría lo que sabemos de la ciencia. 

Así, la política, para mí, debería ser la aproximación más tangencial y pragmática posible a estos principios, estos principitos, que creo derivan de cómo la psicología y las ciencias sociales han logrado explicar a las sociedades.

* El valor de la vida humana debe garantizarse universalmente, mas no justificarse sin una discusión permanente. El valor de la vida humana se construye en sociedad y nunca debe darse por hecho solo porque lo apoyan leyes universales. La vida, en su perspectiva general, sigue el designio de la transmisión genética, no el de las sociedades humanas con normas y leyes. El valor humanista es contrario al interés de los replicadores que dieron origen a la vida. Por eso, existen tantas tendencias del comportamiento humano y colectivo que van claramente en contra del bienestar de eso que llamamos humanidad. Y es que la humanidad no se decreta ni se hereda, se construye actuando de cierta manera y creyendo en ciertas cosas. Algunos dirían, es contranatura, o por lo menos, contraintuitiva. 

* La ética es una aspiración noble, pero no es práctica. Evolucionamos como cooperadores morales condicionales porque realmente, no somos ni tan malos, ni tan buenos. Y para cooperar, necesitamos sistemas sociales imperfectos que mantengan las ilusiones necesarias del engaño y el autoengaño que han hecho posible la cooperación social desde el origen de la vida en el plantea tierra. El idealismo y el romanticismo filosóficos sobre la nobleza, la virtud y la santidad son contraproducentes si se intenta imponerlos de maneras literales  y estrictas, aunque son importantes para la cohesión social que se basa en el engaño mismo. 

* La política es fácil para decidir en condiciones de certidumbre cuantificable y de alta probabilidad. Pero la política es importante es ante condiciones de incertidumbre. Los grandes datos cuentan historias precisas que la gente suele no querer aceptar. Por eso, la política no puede hacerse con absoluta planeación probabilística, sino que requiere de la conversación sobre los deseos, los intereses y las creencias de los involucrados directamente. Hacer política, por ende, no es seguir principios deontológicos o de cosmovisiones hipotéticas de grupos sociales, ni tampoco es planear sociedades con proyecciones de datos. Es negociar todos los días, principalmente dinero y significados de las cosas. 

* El tema central de la política no son los derechos de las personas, ni universales, ni particulares. Claro, los derechos son fundamentales, y son el horizonte de la discusión pública, pero no son lo urgente al plantear, discutir y realizar políticas. Lo central es el grado y nivel de escasez de un recurso, sea material, especulativo y financiero, social, normativo, ambiental, instrumental, etc. La política debe entender los sentimientos morales ante la escasez, sentimientos que suelen disfrazarse y racionalizarse en discusiones bizantinas y en exceso abstractas, principalmente sobre la justicia. Pero la justicia no es abstracta, es concreta. Por eso, creo por ejemplo, la ideología de izquierda socialdemócrata ha fallado en lograr condiciones medibles y replicables de justicia.  

* La política necesita de datos, muchos datos, pero también de reflexión teórica y filosófica, porque los datos son la historia del pasado, no nos dan toda la información para entender la teoría de juegos presente y futura. No obstante, esperar que los operadores políticos sean gente de analizar datos o culta en tal grado, es irracional. Nadie es moral o inmoral solo por ser un operador político. El clientelismo no es un fallo del sistema necesariamente. Así, los valores que nos unan deben ser construidos por múltiples métodos, y no por los principios de unos, por loables y legítimos que sean, o los intereses de solo otros. Así, los principios importan, las constituciones son relevantes, pero lo realmente relevante son los mecanismos locales para administrar recursos escasos y negociar significados entre personas.  Así, la política debe tener la regla de solo tratar sobre asuntos pragmáticos. Claro, comprendiendo que el pragmatismo real tiene que ver es con varios escenarios de toma de decisiones humana y colectiva, y que a su vez, el pragmatismo no debe ser simplificado o mal interpretado como simple reduccionismo.

* La política debe hacerse siempre considerando la probabilidad del error como significativa, así como con planes de ajuste ante sus inevitables fallos y fracasos. La política no es linda, y si acaso solo inspire realmente a pocas personas. Yo prefiero estar escuchando y hablando de John Coltrane  o de los Beatles, que estar hablando de política. Sea de recordar todos los días, es principalmente un negocio, una cosa pueril y jarta. Solo que no solo negocia dinero o poder, sino también decisiones, y eso la hace tan importante. Al estar limitada por la psicología humana misma, por sus sesgos, enmarcamientos y deseos irrefrenables, siempre es cosa corregible. Por eso, es mejor que no existan ideologías políticas inflexibles, y si existen, acaso deban ser debidamente ridiculizadas y cuestionadas, porque jamás han atendido a la complejidad de la toma de decisiones que realmente intentan abordar.   

* Y finalmente, una postura personal es necesaria. La política no nos define como humanos en la totalidad de nuestros valores, aspiraciones, creencias y sentimientos. El éxito de una sociedad estaría, considero, en que la política no sea el tema central de la vida cotidiana y de lo que se siente o experimenta con más frecuencia. La obsesión con la política es el camino a las emociones tristes, como las llamó Espinoza, que a su vez, la hacen inviable como una realidad pragmática. Si acaso, el idealismo debe estar protegido de todo lo político, y lo político, protegido de todo idealismo. De la misma manera que nuestro sentido termoregulador interno está separado de nuestro tacto que detecta cambios de temperatura en el exterior. Somos criaturas donde muchos sistemas están en un equilibrio, precisamente, porque no se perciben entre sí, y nuestro cuerpo fisiológico sea acaso una maravilla que se desconoce mucho a sí misma. No hay necesidad imperiosa, ni de coherencia absoluta, ni de total autoconocimiento. En el campo de la psicología y las neurociencias, de hecho muchos consideramos que la consciencia es el éxito en desconocernos y desconectarnos de nosotros mismos. 

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